martes, 8 de abril de 2008

Tradición

Sentimiento hecho pasión
donde la patria se asienta,
origen de una cultura
que'n ancas del tiempo yega,
y es histórico pasao
con telúricas leyendas.
Es revoleo de lazo
esperando campo afuera,
pa'encerrar en una armada
los brazuelos d' una yegua;
olor a cuero quemao
pa'la época de yerras.
Domingo de pulpería,
juego de truco, ginebra,
encuentro de payadores
con sus musas de poetas;
rudo retumbar de cascos
en emotivas cuadreras.
Es el rastro que dejó
la legendaria carreta,
que'n su tránsito al presente
condujo el progreso a cuestas,
pa'formar la patria grande
en histórica epopeya.
Es carrera de sortijas
en una fiesta campera,
contrapunto de malambo,
bailar el gato, la hueya,
es chiripá y bota 'e potro
y el tintín de las espuelas
Es montar un redomón
y reservar campo afuera,
acampar en campo razo
en noche de luna yena;
asao que se dora al fuego
entre lágrimas de peya.
Jinete sobre un bagual
demostrando su destreza,
poncho pampa vertical
con marcadas guardas negras;
rancho que invita a yegar
con una abierta tranquera.
Es gaucho bien empilchao
pa'lucirse en una fiesta
abanico de gaviotas
sobre el tajear de la reja;
es rasguito de guitarra
y una milonga campera.
Es el eco del cencerro
que hace tintinear la yegua,
galope de mate amargo
fraternizando en la yerba;
los versos del Martín Fierro
y la poesía gauchesca.
La tradición no se agota
en este acerbo de temas,
tradición es sentimiento
que muy adentro se lleva,
y es patrimonio sagrao
pa'l que idolatra su tierra.

Juan Carlos Pirali
Primer Premio en Bagé, Brasil 2005

lunes, 7 de abril de 2008

"Tiene gusto a jabón pero es queso"

Guido festejó sus 125 años. Por adelantado… pero los festejó
http://semanamaipuense.com.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=616&Itemid=27

Ni una sola línea sobre el error "subsanable" que el Sr. Juan Carlos Pirali, Dolorense, estudioso de la Historia de la zona, nos indicó. Insisto “subsanable” La fecha fundacional 28 de Mayo de 1883 un error de grafía.

"Tiene gusto a jabón pero es queso" decían los míos cuando yo, porfiada, mostraba la hilacha vasca.



*Burugogor - Setatsu: en lengua vasca Tozudo, terco, porfiado


viernes, 4 de abril de 2008

¡EL AMIGO!


Revista electrónica de la Asociación Amigos del Museo Kakel Huincul.
Con informaciones de actualidad, investigaciones, trabajos y noticias proporcionadas por la Dirección del Museo.

jueves, 3 de abril de 2008

Un frasquito con tierra...

Todos estos días hablando de EL CAMPO, recordé un frasquito con tierra de Gral. Guido que mi papá guardo por años y aunque les parezca mentira lo encontré, hacia tiempo lo buscaba, prometo que sacare una foto, por ahora aquí les dejo estos versos que allá por 1975 escribió con el corazón

El Puesto
Recuerdos de una Tapera
La tierra que en este frasco
a vos no te dice nada
para mi es como sagrada
por eso la quiero tanto.
Yo la traje desde el campo
mas bien dicho una tapera.
Lugar que ayer fuera
el sitio donde correteábamos
cuando chicos siete hermanos
bajo paternal tutela.
Adonde ya nada queda
hemos vuelto con los años
alguno de los hermanos
como buscando en la huella.
Y si de noche una estrella
puede marcar el camino
nosotros por el Molino
tomamos rumbo certero.
Claro que sí... allí Romero
y más allá Celestino...
Quiere decir que pasamos
recién por lo de Sarrode?
¡Sí Señor! dice Cepeda
esos montes te confunden
entonces al trote largo
echamos de ver la cuenta
y al comprobar que cincuenta
son los años que se han ido
vuelvo la mirada a Guido
que hacia el poniente se acuesta.
Recuerdos... la vida pasada
de mis padres y un hermano
ya en el eterno descanso
de sus últimas moradas.
Y antes de regresar
al coche que nos espera
bendigo aquella tapera
por todo lo que ella encierra
y me voy, con este puñado de tierra
que a vos no te dice nada.
Leonardo Madrid (Negro) 1975

miércoles, 2 de abril de 2008

Aquellas Cartas.

De la mañana a la noche. / De la noche a la mañana /En grandes olas azules /Y encajes de espumas blancas /Te va llegando el saludo / Permanente de la Patria / Ay, hermanita perdida. / Hermanita: Vuelve a casa. La Hermanita Perdida. Atahualpa Yupanqui. Paris, octubre de 1971.-

Estos versos de Yupanqui publicados en el año 1972, en su libro Coplas del Payador Perseguido vinieron a mi memoria hoy, cuando escuche que soplaba viento del sudeste, desde Malvinas pensé... y volví a aquella mañana de hace 26 años.
Entonces, yo, trabajaba en el Edificio Libertad sede del COAR, y como todos -el que diga que no miente - me alegre cuando escuche que alguien decía mientras ascendíamos las amplias escalinatas del Libertad, ¡Estamos en Malvinas!
La mañana transcurrió entre caras felices, sonrisas robadas al pasar, pulgares levantados; yo quería regresar a mi casa, para compartir con los míos esa alegría. Dentro de tanta sordina, de tanta tristeza, de todo el miedo agazapado, durante esos años, por segunda vez el optimismo se había derramado en las calles de Buenos Aires, de todo el País. ¡Estábamos en Malvinas! Con el paso de los días, esa alegría comenzó a languidecer; y fue otra mañana, cuando sentada a una larga e improvisada mesa de trabajo junto a otras personas, al leer la primer carta que llegó a mis manos, definitivamente se extinguió.
Yo tenía veintinueve años, hacia poco más de cinco que había dejado mis estudios de Derecho, con la promesa de regresar. Cuatro habían pasado del mundial setenta y ocho, el mundo se disponía a disfrutar las habilidades de Maradona en el Mundial de España; en julio, mi hija, cumplía cuatro años. En mi casa hacia tiempo habíamos abandonado las discusiones políticas, para alivio de mi padre, hablábamos en voz baja, por lo tanto cuando se me pidió reserva sobre las tareas que realizaríamos puertas adentro de aquella oficina, obedientemente hice mutis. Durante esos meses por mis manos pasaron cientos de cartas, miles de palabras que iban y volvían desparramando ternura, humedecidas por las lágrimas y con olor a miedo. Las guerras siempre nos fueron lejanas, esta no sería la excepción.
El reglamento no dejaba lugar a dudas, la correspondencia que iba dirigida al frente, al igual que la que volvía debía ser leída, clasificada, para que “el enemigo” no recibiera información; ayudabamos así a que “el Soldado” no fuera afectado por otro sentimiento que su incondicional amor a la Patria. Desde fines de abril, cuando la primera saca con correspondencia remitida desde el correo central quedó desparramada sobre la larga mesa, lei, a tache y muchas veces agregue en el sobre, antes de cerrarlo, con la cinta de papel color marfil con las letras azules de Armada Argentina, una hoja blanca, sin membrete, donde yo, le escribía a ese soldado, del que sabía más, de lo que él podía sospechar. Sí, yo, sabia por ejemplo que su novia estaba embarazada, él no, quiza no lo supo nunca. Yo estaba al tanto que su mamá había sufrido un ataque de presión, que estaba mejor; que su abuelo había muerto… Sabía, yo sabía y no dejaba que ellos supieran
Volvía a casa sin ganas de hablar, mi padre, pendiente de las noticias, preguntaba, ¿ que se dice por allá?, ¿Cómo van las cosas?...yo le mentía igual que cuando le decía que retomaría mis estudios de abogacía.
La mañana del 2 de mayo, en esa oficina inundada por la luz de los tubos fluorescentes, fuimos los primeros en saber que el Crucero General Belgrano se hundía en las profundas y heladas aguas del Atlántico Sur; una de mis circunstanciales compañeras, embarazada prorrumpió en llanto, su marido estaba embarcado en el ARA General Belgrano, todos la abrazamos, ese abrazo me recordó otro, muchos años antes, en Plaza Francia, este, como aquel, tenía la comunicación de la angustia, del desamparo.
Fue esa mañana cuando a pesar de la calefacción, el frío me alcanzó, olí la sangre, el temor, la sal, el barro; olí la muerte, me desgarró el estomago el hambre lejano y con disimulo, rechacé el café calentito y el alfajor de chocolate. Sentí vergüenza, baje la cabeza y me aboque a la lectura de esas cartas con faltas de ortografía, con errores de sintaxis, borroneadas de lágrimas, con olor a cocina de mamá, a salsa de domingo, con aroma de barrio, endosadas de apego, de amor, de ternuras. Entonces supe que esas palabras que yo les robaba no desaparecerían jamás; sobrevivirían al fibrón, a los tachones, las palabras estaban allí apretujándose, ocultándose en las oscuras galerías de mi memoria, para aparecer por las noches, tras el manto de neblina de mis sueños.
El tiempo pasó pero nunca olvide parrafos de aquellas cartas.

“…ayer recibí la carta de papá, me sorprendió, hace tanto que no hablábamos, fue una gran sorpresa, sabes mami?, es bueno saber que papá, no esta enojado, después de todo, se separó de vos, no de mi. No te enojes gordita linda, pero cuando todo esto termine voy a viajar a Venezuela para ver al viejo, no te enojes, ¡che, dale! voy y vuelvo, te lo juro…”

“…rezo por vos, hijito, te arropo, con el manto de Nuestra Sra. de Lujan cada noche, como cuando eras chiquito para que duermas calentito mi amor, papá dice que sos un hombre, que te mimo demasiado, ¿Cuánto es demasiado?…”

“…todo pasa tan rápido que ya no se que día es hoy, te amo ¿viste? Te lo dije, te amo Negra. Los gringos están cerca, tan cerca que puedo olerles el Güisqui a los muy juna y gran puta, nosotros negrita olemos a chiquero, a turba, a mierda olemos…”

“…ahora entiendo por que el abuelo habla tanto de la guerra, para entretener a los muertos. Sabes viejo, los muertos te siguen, desarrapados, pálidos, fríos, nos siguen de día y de noche, se nos cuelgan de la espalda, no nos pierden de vista, salen de la niebla con los ojos abiertos, muy abiertos…”

“…Suenan las chapitas que me cuelgan del cogote hermanito, tengo como diez, ¿quien las llevará cuando tengan que cortar la mía?, no me hagas caso hermano, yo voy a volver, cuando escuches el chaperío, atrás voy yo, esperame con unos amargos, que ya voy, decile a la vieja, al viejo y a la Susi que todo está bien, pero todo esta para la mierda, hace dos noches que no duermo?

“…, ayer fuimos con las chicos a ver el partido a tu casa, tu vieja amaso pizzas como siempre, me pregunto vos andabas de novio con la Claudia, le dije que no, pero el viejo de la Claudia fue a tu casa a contarle a tus viejos que la Claudia esta embarazada y ahora, macho, de que te disfrazas, papá…”

Poco hablo de los días, de la Guerra de Malvinas pero no los olvido. En aquella oficina nada pasaba inadvertido menos los cumpleaños, cuando llegó el mío ya no se hablaba de Malvinas, cada uno habíamos regresado a nuestros lugares de trabajo dentro del enorme Edificio, pero mis circunstanciales compañeros llegaron aquel octubre hasta la oficina que ocupaba en el primer piso con un regalo, un perfumero, que aún conservo. En el año 1983 renuncie a mi trabajo en el Edificio Libertad.
El pasado año escuchando en la radio las historias, de los Combatientes sentí por primera vez la necesidad de escribir lo que acaban de leer, es una forma de pedir perdón… Quizás, pueda así, decía exorcizar los fantasmas que se cuelgan de mi espalda, que no me pierden de vista, que salen tras el manto de neblina, con los ojos abiertos, muy abiertos, buscando las palabras, los párrafos que quité de aquellas cartas.

martes, 1 de abril de 2008

La tierra, el suelo, el pueblo, el terruño

El terruño es la patria del corazón. De todos los sentimientos humanos, ninguno es más natural que el amor por la aldea, el valle o la barriada en que vivimos los primeros años. El terruño habla de nuestros recuerdos más íntimos, estremece nuestras emociones más hondas; un perfume, una perspectiva, un eco, despiertan un mundo en nuestra imaginación. Todo lo suyo lo sentimos nuestro, en alguna medida; y nos parece también, que de algún modo le pertenecemos, como la hoja a la rama. El amor al terruño existe ya en el clan y en la tribu, soberano en el horizonte exiguo de las sociedades primitivas. Ligado al medio físico desde que el grupo se adapta a la vida sedentaria, se acendra al calor del hogar. La consanguinidad lo alimenta y la amistad lo ahonda; la amistad lo extiende a todos los que viven en vecindad habitual. En el terruño se oyen las primeras nenias maternales y se escuchan los consejos del padre, se forman las intimidades de colegio y se sienten las inquietudes del primer amor; se tejen las juveniles ilusiones y se tropieza con inesperadas realidades; se adquieren las más hondas creencias y se contraen las costumbres más firmes. Nada en él nos es desconocido, ni nos produce desconfianza. Llamamos por su nombre a todos los vecinos, conocemos en detalle todas las casas, nos alegran todos los bautismos, nos afligen todos los lutos. Por ello sentimos en el fondo de nuestro ser una solidaridad intima con lo que pertenece a la aldea, el valle o la barriada en que transcurrió nuestra infancia. Ningún concepto político determina este sentimiento natural. Es necesario estimularlo con sugestiones educativas, por que es anterior a la escuela misma; se ama al terruño ingenuamente, por instinto, con espontaneidad. Es amor vivido y viviente, compenetración del hombre con su medio. No tiene símbolos racionales, ni los necesita; su fuerza moral es más honda, tiene sus raíces en el corazón. “Las Fuerzas Morales” José Ingenieros Buenos Aires, 1925

sábado, 29 de marzo de 2008

Cuando alguien pasa y dice:


Que bueno ver algo en la red de un pueblo tan lindo y q´ tantos recuerdos de mi infancia me trae. Mi tío era el panadero de ahí, el gallego Gervasio Fernández.

Yo dejo todo y respondo

Date: Fri, 28 Mar 2008 17:00:25 -0300
Gracias, muchísimas gracias por tu visita. Si tenes alguna anécdota, un recuerdo que quieras guardar en los estantes de nuestra Gallineta ¡bienvenido! mi nombre es Liliana, y como digo siempre no soy de Guido, pero me pertenece por herencia Tu mensaje reconforta y ayuda a cargar pilas y seguir. Gracias. Buen fin de Semana. Liliana

La respuesta no se hace esperar, aquí está. Sin la autorización de quién firma la publico por que en este breve texto hay "retacitos" de esa historia que desde aquí humildemente intentamos que ustedes los que viven hoy en Guido recuperen. La historia está en las calles, en cada casa, en cada ventana, en cada banco de la plaza, en la arruga de los viejos en “la dulzura de los atardeceres pampas” en el saludo amigable, en la bronca contenida.

Me duele Gral. Guido, más de lo que ustedes imaginan, si no fuera por una promesa, el aliento de algunos amigos ya hubiese cerrado este Almacén de la memoria. Cuando la tristeza me gana, cuando el silencio me aturde llegan e-mail como el tuyo Alberto y todo vuelve a empezar.

Liliana
UUUUUUUUUUU q´ bueno tu respuesta. La verdad, anécdotas tengo un montón, desde q´ me buscó medio pueblo cuando tenía 4 años hasta armar algunos “Bolonquis” en el Guidense Cycles Club!!! Ahora, que paso mas seguido por la ruta, voy a parar para recordar aquellas épocas, los corsos , los bailes de carnaval , ¡los mocos q me mandaba como buen porteño pato criollo! …Recuerdo a personas de las q´ nunca voy a olvidar, Machito Fuentes, Cachuso, el Doc López, el Vasco Arruti, Canilla, Melena, el jeep de Grosso, Teodora, el Curita, el viejo Cepeda, el buenazo de Cototo, Cachulo, los paseos en la Chevrolet de mi tío con el delincuente de mi primo al volante, las tardes en el Cultura o en el Deportivo...¡¡¡pará Y las chicas!!! ...Que buena época que lo parió. Va mi abrazo para ese Pueblo, esa Ciudad a la q tanto recuerdo.
Alberto
Gracias Alberto, muchísimas gracias por este recuerdo, Gracias en nombre del Pueblo de General Guido.

jueves, 27 de marzo de 2008

Tedin Uriburu. Pueblo Rural


“La Envidia no es buena, ni sana, ni conforta” decía mi abuela “Pita”, cuando alguna vecina al pasar, frente a la enorme planta de Jazmín del cabo que perfumaba la vereda de su casa en la calle Viamonte, en Banfield, a mediados de diciembre cuando cientos de pimpollos se abrían como rosetas de maíz, la saludaba con el consabido ¡Buenos días Doña Mercedes, que sana envidia sus jazmines! "La Pita", entonces, dejaba la escoba, el balde cargando agua y orgullosamente cortaba con suavidad los cabitos de dos o tres jazmines y se los obsequiaba con esa frase “La envidia, no es buena, ni sana, ni conforta”
Yo acabo de sentir algo parecido a la envidia frente a esta página http://www.tedinuriburu.com.ar/ que los invito a visitar. Pero por suerte, tengo una plantita de aquel viejo Jazmin que aún, sin flores, me recuerda que La envidia, no es buena, ni es sana, ni conforta.

martes, 25 de marzo de 2008

"La Unión" El Diario de Gral. Guido


D. Raimundo Clemente. Nació en San Sebastián, España el 15 de marzo de 1876. LLegó a la Argentina a los 16 años de edad y se radicó en Guido.
El 24 de enero de 1909 fundó el periódico La Unión, que dirigió hasta su muerte en 1949.
A principio de 1951 La Unión continuó con la dirección del hijo político de Clemente, D. Juan Osvaldo Aphat, con la colaboración de su esposa Aída Clemente, hija del fundador.
Atte.
Juan Carlos Pirali
“Despojados de su memoria, los pueblos se opacan mueren y suelen morir en medio de la algarabía de imaginar que el pasado no interesa, aturdidos por voces que llaman a no recordar, apalabrados por ilusionistas que susurran que hoy todo empieza de nuevo. Las raíces pueden secarse si una voluntad de memoria no se opone a la voluntad de olvido. Sin esta finalidad no hay ética posible”. Héctor Schmucler (1994 Revista Universidad Nacional de Córdoba).