jueves, 26 de julio de 2007

Tantos años como anécdotas...



General Guido- Año 1982
Bajo la parra, mi hermano y yo le ayudabamos a soplar las velitas de aquellos jóvenes sesenta...
hoy ya son ochenta y dos...
Mar del Plata, 26 de Julio de 2007
Desde este corazón… desde el Sudeste, desde un extremo frío del Océano, desde la resaca del Mar Argentino, con su malestar invernal envuelto en las sales del recuerdo, con algún barco perdido en su lejanía, con sus vientos arremolinando inviernos, desde aquí, en esta costa que besa el agua congelada, me transporto…toco con una mano la vera escarchada de la laguna que transformada en un hilo plateado y parejito la mañana derrite con su tímida tibieza.
Hoy Humberto Guebara, mi abuelo, cumple 82 pirulos, ochenta y dos abriles, más guidenses que las gallaretas y mi corazón está mirando a su mesa, con una fuente de sorrentinos caseros, amasados a la siesta del día anterior, para que oreen… travesuras de la vejez… aburrimientos pueblerinos… costumbres que no se pierden… una torta con velitas blancas, como todos los años… y como todos los años… alguien que falta, pero es esa gente que está siempre, aunque falte, aunque no toque el timbre, aunque no llegue a decir feliz cumpleaños, aunque no se siente a la mesa…
El pueblo tiene fantasmas, algunos son aquellos de los que ya no están, otros aquellos de quienes los enviamos a hacerse presentes porque no podemos ir, fantasmas que nos representan y cuando vuelven nos dicen al oído que cumplieron con llevar el beso encomendado, nos traen una caricia y un olor del hogar impregnado en la solapa de la camisa, nos transmiten la felicidad que no pudimos presenciar, entonces sentimos que es como haber estado, es como haberse sentado a la mesa, como haber cantado el feliz cumpleaños y como haber abrazado… mi fantasma me ha hecho sentir que hoy estuve, me ha hecho cree que caminé con mi abuelo de la mano por la vera de la laguna, juntando pedacitos de escarcha mientras me mostraba las gallaretas que dormían en los pajonales y mientras su vida coleccionaba un año más para continuar sumando historia, enriqueciendo este pueblo que me permite cosas insólitas aunque esté lejos, me permite soñarlo y mandarle mi fantasma para poder sentarme en la falda de mi abuelo, con las trenzas revueltas por la friolera de julio y decirle: ¡¡¡Feliz Cumpleaños!!!
“Despojados de su memoria, los pueblos se opacan mueren y suelen morir en medio de la algarabía de imaginar que el pasado no interesa, aturdidos por voces que llaman a no recordar, apalabrados por ilusionistas que susurran que hoy todo empieza de nuevo. Las raíces pueden secarse si una voluntad de memoria no se opone a la voluntad de olvido. Sin esta finalidad no hay ética posible”. Héctor Schmucler (1994 Revista Universidad Nacional de Córdoba).