lunes, 29 de septiembre de 2008

¡Shaná Tová!

La tarde pinta para torta dije y comencé por batir 4 huevos y de a poco agregue 1 taza azúcar y 1 taza miel con ½ taza de aceite de maíz y 1 taza de café bien oscurito. En ese orden ¡muy importante, respetar los pasos! Decía mi tía, que es quien me enseñó a hacer ésta torta que ella llamaba “de miel y café o de café y miel” - el orden de los factores no altera el producto-
En otro recipiente mezclé 4 tazas de harina 0000 con 3 cucharaditas de polvo de hornear, una pizca sal, 1 cucharadita de bicarbonato y 1 taza con nueces picadas y pasas de uva. Siempre revolviendo con cuchara de madera, integré los secos en el batido, nunca al revés, en éste paso el orden sí, altera el producto. Vertí en el molde rectangular y llevé a horno (precalentado) moderado.
En el mientras tanto, llamé a mi amiga Mirta, la última de mi lista, para desearles un Felíz 5769. Y como sucede siempre, por eso es la última, el sabor de los recuerdos de ayer, se mezclaron con las últimas noticias, los nietos, los hijos, sus clases de teatro, haciendo que la charla se extendiera hasta la receta de los bombones que hacía su abuela.
-¿Sabés con quién me encontré, en el Super?
-Después me contás, ahora dame la receta.
- Batis 2 claras le agregas 1 taza de azúcar y seguís batiendo hasta que se haga el merengue, entonces, añadís una taza de galletitas dulces, bien molidas.
-Mi Bobe Esther tenía un frasco donde volcaba las miguitas de las galletitas dulces.
-¡Si! lo recuerdo bien, sujetaba la tapa con un sombrerito tejido al crochet y una cinta azul.
-¡Sí Lili, ese era el frasco de mi querida Bobe! Y ¿el candelabro?, ¿recordás el candelabro?, ahora lo tengo yo… ¿Cuándo vas a venir a visitarme?
-Cuándo pueda llevarte los bombones, si es que me completas la receta.
-¡Dale, anota!...Merengue, galletitas dulces molidas a eso le agregas una taza de nueces picadas, una cucharadita de canela. Con las manos “bien limpias” haces unas bolitas, las pasas por azúcar impalpable y las guardas en un recipiente de vidrio. Y te venís para acá, como cuando nos íbamos a bailar, ¿te acordás Lili?
-¡Nooo, la toooorta! Grite en su oído, “pobre Mirtuchi” y corrí hasta la cocina abrí la puerta del horno pinché con un palillo y salió sequito, la torta de miel y café o de café y miel estaba lista.
Cuando volví, Mirta seguía esperándome del otro lado del teléfono, alcance a oír las voces de sus nietos y sus hijos que ya habían llegado para esperar la primera estrella.
-¡Hola!
-¿Sé te quemó la Leicaj Lili?
-No, todo bien. Gracias “Mirtuchi” por la receta de los bombones, por estar siempre… prometo que iré a visitarte.
-Bueno ¿Cuándo venís? Si no venís te voy a buscar. Un beso y ¡Shaná Tová! Lili
-¡Shaná Tová Umetuká! Grito a coro la familia de Mirta.
¡Shaná Tová para todos!
“Despojados de su memoria, los pueblos se opacan mueren y suelen morir en medio de la algarabía de imaginar que el pasado no interesa, aturdidos por voces que llaman a no recordar, apalabrados por ilusionistas que susurran que hoy todo empieza de nuevo. Las raíces pueden secarse si una voluntad de memoria no se opone a la voluntad de olvido. Sin esta finalidad no hay ética posible”. Héctor Schmucler (1994 Revista Universidad Nacional de Córdoba).