miércoles, 25 de junio de 2008

"Fueguito de la mañana "






Las cenizas del olvido
quieren apagar el fuego
pero siempre nos entibian
los tizones del recuerdo

Lindas fotos, llegaron desde Guido esta mañana, muchos recuerdos, entre tantos “la pileta donde Zaira fregaba”… hasta el día que nos despidió en la puerta de Belgrano 356… ¡Veintinueve años, han pasado!

"Un amigo en la confianza fueguito de la mañana un silencio compartido ramitas secas del alma"

Nadie podrá decir que los Madrid, a la fecha, no hemos cumplido con la palabra empeñada más allá de cláusula firmada en abril de 1979.
Mi padre escribió alguna vez “Guido es el abrazo de Atilio”, pero yo lo recuerdo en la plaza con su boina blanca, aquella, que cuando pocos o nadie se atrevian a usar, él la llevaba con orgullo y la estrujaba en su mano cuando saludaba a mi madre con un respetuoso “Buenas tardes Señora… porque el abrazo, ese, ese era para los Madrid.

El título, del que me adueño, corresponde a estos versos que canta el gran Peteco Carabajal.

Está ardiendo aquí en mi pecho
un brasero de esperanza
en mi corazón un fuego
un fuego que no se apaga.
Leña verde que revienta
corazón enamorado
rescoldo de las pasiones
brasitas que queman tanto.
Las cenizas del olvido
quieren apagar el fuego
pero siempre nos entibian
los tizones del recuerdo.
Hoy el fuego está creciendo
las voces son llamaradas
coplas nacidas del alma
van quemando las gargantas.
Un amigo en la confianza
fueguito de la mañana
un silencio compartido
ramitas secas del alma.
Ardor del sentirme lejos
lejos de lo que más quiero
cómo queman la distancia
cómo queman los recuerdos.
Pueden quitarte los ojos
pueden quitarle los sueños
debes cuidar que no apaguen
el fuego que llevas dentro.
Hoy el fuego está creciendo
Las fotos las envía José Esteban Guebara
“Despojados de su memoria, los pueblos se opacan mueren y suelen morir en medio de la algarabía de imaginar que el pasado no interesa, aturdidos por voces que llaman a no recordar, apalabrados por ilusionistas que susurran que hoy todo empieza de nuevo. Las raíces pueden secarse si una voluntad de memoria no se opone a la voluntad de olvido. Sin esta finalidad no hay ética posible”. Héctor Schmucler (1994 Revista Universidad Nacional de Córdoba).